Expedición 7 Volcanes: ¡Monte Sidley conquistado!

28 Ene 2013

Olga Rumyantseva ha conseguido ascender, en solitario, el volcán más alto de la Antártida: el Monte Sidley. La alpinista tuvo suerte con el tiempo (aunque se pudiera pensar lo contrario por sus mensajes) y con el transporte (ya está de vuelta en Moscú con la mochila repleta de buenas impresiones y fotos increíbles).

En Kaspersky Lab hemos preguntado a Olga sobre las sorpresas del viaje –tanto las buenas como aquéllas no tan positivas-, las dificultades a las que se ha enfrentado y sus sensaciones tras llegar a la cima.

¡Enhorabuena! ¿Cómo fue la subida?

La ascensión al Monte Sidley duró cuatro días. El cielo estaba nublado; estuvo nevando y hacía muchísimo frío. El problema más serio fue la falta de visibilidad, que hacía imposible subir al volcán. Así que, para no malgastar el tiempo, me llevé mi tienda de campaña parte del camino -1.500 metros la primera vez y 600 m la segunda. Esto supuso que, la última etapa hacia la cumbre se convirtiera en una ascensión de 800 m. Tuve suerte con el campamento más alto: no hacía frío y no había viento, lo que me permitió tumbarme y disfrutar del sol.

En la cima del Monte Sidley

El cuarto día se levantó un fuerte viento que alejó las nubes. Pero el frío era increíble, menos 25º, que sumado al viento, hacía que hubiera una sensación térmica de menos 35º. Todo estaba helado pero la visibilidad era inmejorable; permitiéndome disfrutar del paisaje. Durante mi subida, pude ver unas impresionantes “montañas” de nieve tan grandes como una casa.

La subida fue fácil, aunque el frío hizo que me resultara difícil hacer llamadas o sacar fotos. Podría haber hecho más –la escena desde allá arriba era espectacular. De hecho, no esperaba tanta belleza. Realmente, hizo de la subida algo único.

¿Cuál fue la parte más difícil de la ascensión al Monte Sidley?

Salir fuera de la tienda de campaña el día de la subida.

Hacía muchísimo frío, incluso para la Antártida. Mis manos estaban heladas. Todo el cuerpo se congelaba cuando paraba un momento. No obstante, cuando el viento paraba de soplar, hacía un poquito más de calor; aunque mis dedos estaban casi a punto de congelarse cuando marcaba el teléfono en la cima.

En líneas generales, la parte más difícil fue esperar… por los aviones, el tiempo…

¿Cómo superaste esas temperaturas tan extremas?

 No llevo muy bien las temperaturas demasiado bajas. El frío entra en mi cuerpo y puede ser desalentador. ¡No me gusta el frío!

¿Qué nos puedes contar de tu primer volcán tras la aventura?

Estoy muy satisfecha con el comienzo, tan exitoso, del proyecto. Ya he conquistado el volcán más antiguo, misterioso y frío (¡Eso espero!) de mi vida. Próxima parada… el Kilimanjaro.

¿Hubo dificultades en tu viaje de vuelta del volcán?

Bueno… no fue fácil. Incluso tuvimos problemas para llegar al campamento de Union Glacer. El tiempo cambiaba drásticamente con fuertes vientos que cruzaban la Antártida. El aterrizaje en Union Glacer fue bastante movido. Nunca había experimentado vientos tan fuertes en un campamento; incluso era la primera vez que veía tiendas de campaña tan robustas y aeroplanos rodeados por otros vehículos para no salir volando. Union Glacier es lo más cercano a la civilización, pero sólo había un vuelo a Punto Arenas (Chile) desde la Antártida y podía haberse retrasado. ¿Por qué?  Ilyushin, el único avión que vuela a la Antártida desde tierra firme, se estropeó justo después de que hubiésemos partido al Monte Sidley. Tuvieron que cambiar el motor. Mientras estábamos en el Monte Sidley,  intentaron arreglarlo e, incluso, voló un ingeniero desde Moscú. Mientras se arreglaba el avión, mucha gente de diferentes expediciones tuvieron que quedarse en el campamento. Creía que no conseguiría una plaza en el primer vuelo. De todos modos, finalmente, todo tuvo un final feliz y pudimos volar en el mismo avión.

 ¿Cuáles son las tres primeras cosas que has hecho de vuelta a la civilización?

Tomarme un baño: no puedes rechazar una ducha caliente después de una expedición. Creo que es lo primero que hace todo el mundo. Después de eso: dormir. Una cama es todo un lujo después de largas noches en una tienda de campaña en medio de la nieve. Como norma, después de una subida vamos a un restaurante y pedimos carne, ensalada y vino (nada que tenga que ver con lo que hemos hecho durante la ascensión a la cima).