Un virus metamórfico es aquel que puede transformarse según su capacidad de traducir, editar y reescribir su propio código. Se le considera el virus informático más infeccioso y, si no se detecta rápidamente, puede producir graves daños en un sistema. A los analizadores antivirus les cuesta detectar este tipo de virus porque puede dañar su estructura interna. Además, se reescribe y reprograma a sí mismo cada vez que infecta un sistema informático. No es igual que un virus polimórfico, que cifra su código original para evitar ser detectado. Debido a su complejidad, para la creación de virus metamórficos es necesario contar con conocimientos amplios en programación.

Cómo desplegar una defensa sólida

Un virus metamórfico provoca graves pérdidas de datos, reduce las defensas de los sistemas informáticos y puede infectar varios hosts. Si no se cuenta con las herramientas de seguridad adecuadas, un virus metamórfico puede llegar a ser más sofisticado y hacer, si cabe, más daño. Cuanto más tiempo permanezca en un ordenador, más variantes de sí mismo se crearán, lo que hace que sea extremadamente complicado que los programas antivirus lo detecten y desinfecten el sistema.

Los virus metamórficos se distribuyen mediante archivos adjuntos de correo electrónico o cuando los usuarios visitan sitios web que han sido vulnerados. Una vez liberado, el objetivo es robar información privada y datos corporativos para cometer extorsiones, blanqueo de dinero y otros tipos de fraudes. Si se detecta el virus, se puede informar y remitir el caso a Kaspersky Lab para su estudio, que puede ayudar a mantener la seguridad de los ordenadores de otras empresas y usuarios. Comprender lo que se esconde detrás de un virus podría ser de ayuda para mejorar las soluciones antivirus y de software de seguridad para Internet.